Una de cada siete mujeres sufre algún trastorno mental como depresión o ansiedad en el embarazo o el postparto. Así, lo advierte una revisión de estudios del Centro de Psicoterapia Itersia con motivo del Día Mundial de la Salud Mental Materna, que se celebra el primer miércoles de mayo con el objetivo de visibilizar la cara menos dulce de la maternidad. Una asignatura pendiente en salud pública, necesitada de investigación y sensibilización social. Esther Verdaguer, doctora en Psicología de Itersia, nos informaba hoy en Radio USAL.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que alrededor del 10% de las mujeres embarazadas y el 13% de que acaban de dar a luz experimentan algún trastorno mental, principalmente depresión. En países en desarrollo, las cifras aumentan hasta el 15,6% durante el embarazo y el 19,8% después del parto. Esta entidad advierte además de que, cuando no se abordan, estos trastornos pueden afectar a la madre, al vínculo con el bebé y al desarrollo infantil.
Por otra parte, un metaanálisis publicado en Translational Psychiatry, que revisó 565 estudios, estimó una prevalencia mundial de depresión posparto del 17,22%. El trabajo identificó como factores asociados el bajo nivel de ingresos, la violencia, la falta de apoyo social, los embarazos no planificados y un menor nivel educativo.
Estos datos ponen de manifiesto que no estamos ante datos anecdóticos, que no son incapacidades individuales que afectan a pocas mujeres, sino que estamos ante una cuestión de salud pública, que necesita medidas preventivas y mayores dosis de cuidado y seguimiento.
La depresión posparto no debe confundirse con la tristeza posparto leve también denominada baby blues, que suele ser transitoria.
En España, el consenso sobre depresión perinatal sitúa la prevalencia estimada en torno al 15% durante el primer año posparto, aunque advierte de la falta de criterios homogéneos de evaluación y tratamiento en el contexto español, lo que indica que hay que comenzar a interesarse por este tema como un problema médico general, que necesita datos lo más exactos posibles para poder tratar.
Una revisión global reciente publicada en The Lancet Psychiatry estima que aproximadamente una de cada 15 mujeres sufre depresión mayor durante el año posterior al parto, con una prevalencia especialmente elevada en las dos primeras semanas tras el nacimiento. Sus autores reclaman integrar mejor el cribado, la prevención y el tratamiento en los modelos actuales de atención perinatal.
Consecuencias para la madre, el bebé y la familia
Los trastornos mentales perinatales pueden afectar al descanso, la alimentación, el vínculo, la percepción de competencia materna, la relación de pareja y la capacidad de pedir ayuda. También pueden impactar en el desarrollo emocional y cognitivo del bebé cuando no se detectan ni se tratan a tiempo.
Cuidar la salud mental materna no significa patologizar la maternidad, sino reconocer que el embarazo, el parto y el posparto son etapas de enorme exigencia física, emocional y social. Detectar a tiempo permite acompañar mejor y prevenir sufrimiento evitable.

Las connotaciones ideológicas también están claras en el hecho de la maternidad. A la mujer se la exige más y no responder al prototipo de “madre fuerte” es fuente de sentimiento de culpabilidad en estas mujeres que se consideran no estar a la altura que marca el canon.


