Algunos de nosotros teníamos la esperanza de que el conflicto en Ucrania hubiera concluido en pocos meses. Pero parece que las inercias de la guerra se imponen a nuestros pensamientos y deseos. Ucrania sigue en guerra. De hecho en el último año se ha recrudecido el conflicto y el número de muertos y heridos ha crecido. Sabemos que se están atacando puntos estratégicos de suministros esenciales para la población y que con ello se está condenando  a muchas personas a morir de frío. ¿No ha llegado el momento de que nos tomemos en serio en Europa que nuestra voz abogando por la paz, por la resolución pacífica de los conflictos, es la voz que nos debe distinguir frente a los advenedizos que han pensado que el mundo les pertenece y al que someten con sus mentalidades ramplonas, cortas y desconocedoras de que hay Derechos Humanos y determinados límites nunca se pueden rebasar?. ¡Por favor, que estamos en el siglo XXI!. Hoy conocemos datos, los que afectan a niños y niñas ucranianas, con la representante de UNICEF para Castilla y León, Rocío Gutiérrez.

Más de un tercio de la infancia de Ucrania —2.589.900 niños y niñas— sigue desplazada cuando la guerra entra en su quinto año. De ellos, más de 791.000 permanecen desplazados dentro del país y casi 1,8 millones viven como refugiados fuera de Ucrania.

Muchos niños y niñas se han visto obligados a dejar sus casas en varias ocasiones. Una reciente encuesta realizada por UNICEF ha revelado que, entre la población desplazada, 1 de cada 3 adolescentes de entre 15 y 19 años ha tenido que mudarse al menos dos veces. La seguridad ha sido el motivo más citado para abandonar sus hogares.

Los bombardeos, incluidos ataques de largo alcance intensificados, han matado o herido a más de 3.200 niños y niñas desde el 24 de febrero de 2022, es decir, más de 2 niños muertos o heridos cada día. El año pasado se registró un aumento del 10% en las víctimas infantiles en comparación con 2024, lo que supone el tercer año consecutivo en que se incrementan las víctimas infantiles verificadas por Naciones Unidas.

Los servicios de los que depende la infancia han quedado devastados en los últimos cuatro años y soportan una presión creciente. Más de 1.700 escuelas y otros centros educativos han sido dañados o destruidos, lo que ha provocado que 1 de cada 3 niños y niñas no pueda asistir a clases presenciales a tiempo completo.

Los recientes ataques contra infraestructuras energéticas han dejado a millones de niños y niñas y sus familias luchando por sobrevivir en temperaturas extremas bajo cero, obligados a soportar días sin calefacción, electricidad ni agua en sus hogares. Los bebés y los niños más pequeños corren el mayor riesgo de sufrir enfermedades respiratorias e hipotermia en estas condiciones, mientras los centros médicos tratan de funcionar bajo ataques y con suministro energético reducido. Solo en 2025 se han verificado cerca de 200 centros de salud dañados o destruidos.

Más allá de los peligros físicos, la salud mental de la infancia está cada vez más afectada. El miedo constante a los ataques, las interminables horas refugiados en sótanos y el aislamiento en casa con escasas conexiones sociales han dejado a muchos adolescentes al límite. Una encuesta reciente ha revelado que 1 de cada 4 jóvenes de entre 15 y 19 años está perdiendo la esperanza en un futuro en Ucrania, lo que subraya la necesidad urgente de seguridad, estabilidad e inversión en los servicios y oportunidades esenciales que necesitan los niños, niñas y jóvenes.

 

Con Rocío Gutiérrez hemos hablado de Ucrania, de la situación actual, de cómo es trabajar sobre el terreno por parte de la ONG, y cómo podemos contribuir a paliar tanto desastre.

 

Para contribuir al trabajo de UNICEF en Ucrania, AQUÍ.

Nota de prensa: UNICEF