Hace pocos días teníamos conocimiento de las nuevas inversiones que programa la Junta de Castilla y León para la financiación de las universidades públicas de la región. 4 universidades distintas, con diferentes titulaciones y de variada edad. La más veterana la de Salamanca, sin duda el emblema universitario nacional, por mérito propio. Las universidades públicas están pasando grandes calamidades en diferentes partes de nuestro país, mientras que las privadas ganan terreno. Los alumnos son prácticos y sopesan muchos factores a la hora de elegir centro. El prestigio es uno de los valores que miden, por supuesto, pero hay muchos más, como la facilidad de incorporarse a un puesto de trabajo bien remunerado, formar parte de empresas potentes, proyección internacional y cuestiones más cotidianas como la seguridad de la ciudad, el precio del alquiler ó el trato de la población foránea.
La educación en Castilla y León lleva muchos años destacando. La calidad en la enseñanza es uno de los grandes valores de esta comunidad, por tradición histórica y por convencimiento de que lo que nos hace mejores realmente es la educación.
Ello no nos debe llevar a una autocomplacencia que no casa muy bien con lo que estamos percibiendo en los últimos años: falta de interés por el conocimiento, jóvenes que siguen abandonando los estudios a edades muy tempranas, o el índice de fracaso escolar que sigue siendo muy alto.
Tenemos la sociedad que formamos, y todos estaremos de acuerdo en que parece que vamos bastante mal en los últimos tiempos: en respeto, en convivencia, en esfuerzo, en reconocimiento de los valores de los demás, por poner solo algunos ejemplos.
Esto suena a moralismo de persona mayor, y quizás lo sea, pero precisamente por haber vivido muchos años ya, vemos que el entusiasmo que en otros momentos teníamos por construir nuevas cosas, el afán por aprender , la aspiración de ser mejores, el pensamiento crítico y constructivo, confiar en que sí se podía, el no dejar de lado a nadie, tender a sociedades cada vez más justas e inclusivas, todos ellos son valores bastante desdibujados en los momentos actuales.
Pero nos desviamos un poco de lo que queremos contar. Hablábamos de los recursos destinados a educación, siempre escasos. Por eso fue estupendo conocer, casi coincidiendo con el día de Reyes, que la Junta de Castilla y León destinará este 2026, 43 millones adicionales para infraestructuras en la Universidad de Salamanca, destinados a la nueva Facultad de Veterinaria, un nuevo edificio deportivo y multiusos en el campus de Ávila y la ampliación de dotaciones en los campus de Zamora. A esto hay que sumar la construcción de un laboratorio de mecatrónica, robótica e industria 4.0 en el campus de Béjar, con una partida adicional de 600.000 euros dentro del Plan Territorial de Fomento de Béjar.

Infografía de la Facultad de Veterinaria, hospital veterinario y laboratorios clínicos (vista aérea).

Acto de firma del Protocolo de colaboración con las universidades públicas de Castilla y León.
La Universidad de Salamanca tiene un presupuesto para 2026 de 310.409.107 euros, lo que supone un incremento de 10.289.292 euros respecto al ejercicio anterior, equivalente a un 3,43%, según el acuerdo que se adoptaba en la sesión ordinaria de diciembre del Consejo de Gobierno.
Son importantes la infraestructuras pero no lo son menos las inversiones en personal o en investigación. La docencia que se imparte, la formación integral que se brinda a nuestros estudiantes, requiere de suficientes y buenos profesionales en las escuelas, facultades, centros de investigación y en los servicios con que cuenta la universidad. La formación de la persona en unos años que son decisivos para su conocimiento y ubicación en el mundo, requiere que la universidad cuente con lo mejor, sin olvidar que la de Salamanca tiene otra responsabilidad y obligación que no tienen otras instituciones, que es dar a conocer su impacto en la Historia, todo lo que ha contribuido a lo largo de su dilatada vida al progreso de nuestro mundo.
Con una gran comunidad en potencia a la que podemos llegar por una dilatada historia y una lengua compartidas. Porque debe seguir comprometida con esos mensajes del más rico humanismo que han cambiado nuestro mundo y que se pronunciaron en el Paraninfo, porque aquí nació la lengua en la que nos expresamos, porque la USAL no debe nunca olvidar el esfuerzo de muchas generaciones que han contribuido a mantener viva esta llama de conocimiento y honestidad que es la universidad, que ha tenido épocas de opacidad, de ninguneo y que siempre, por ese esfuerzo de su personal, comprometido y convencido de su excelencia ha salido adelante.
Ese es el mensaje de esta Universidad, la permanencia que implica cambios sí, pero sin olvidar el sentido último de una institución así: formar para mejorar, el análisis crítico de la sociedad, educar en su más amplio sentido y honrar a nuestro pasado en el que encontramos siempre las motivaciones y las claves de nuestro futuro.
Son palabras, pero no huecas, sino escritas desde la consciencia de que se deben plasmar en la realidad del funcionamiento diario, de los presupuestos, de la competencia, de los objetivos y de los planes, de las estrategias.
En ese sentido, hay que seguir reivindicando muchos más medios, más ideas de mejora, más participación, menos provincianismo, puertas abiertas a la excelencia y más universidad, en el sentido de universal.


