Estos días en la radio y en la universidad de Salamanca hemos hablado en varias ocasiones de enfermedades necesitadas de más investigación, de más visibilidad también. Una de ellas, que además tiene un mes y un día establecido en el calendario, 19 de febrero, es un tumor de vías biliares, poco frecuente, normalmente detectado en estadios muy avanzados y con mal diagnóstico. Conocer e investigar más la enfermedad es básico. Que los poderes públicos y la ciudadanía se impliquen también es esencial. Este 19 de febrero numerosas ciudades e instituciones se han unido iluminándose en verde. Así veíamos a la Fachada Rica de la USAL. 

Hace pocos días entrevistamos en la radio a Elisabeth Baucells, presidenta de ATUVIBI, Asociación de tumores de vías biliares que nos hablaba del trabajo que vienen realizando para sensibilizar y visibilizar la enfermedad. Así se estimula que haya más investigación y que se creen redes de conocimiento y relación entre los afectados y sus familias. Ella nos contaba que muchas ciudades se unirían este año, iluminándose en verde edificios tan emblemáticos como la Fachada de la USAL, La Cibeles o la Sagrada Familia, además de otras ciudades latinoamericanas y del continente australiano.

Paralelamente la Universidad de Salamanca, con la innovación y excelencia que demuestra en muchas de sus investigaciones, nos daba a conocer ayer mismo otra investigación que tiene que ver con las vías biliares y que puede suponer un avance en el conocimiento de los tumores que pueden llegar a afectarles. Investigadores de la Universidad de Salamanca y del Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca (IBSAL) han descubierto un nuevo mecanismo de comunicación entre el intestino y el hígado. El estudio, publicado en la revista científica Hepatology, demuestra que los ácidos biliares microbianos amidados (MABAs) no se limitan a actuar en el intestino, sino que pueden recorrer el circuito enterohepático y aparecer en la bilis de pacientes con enfermedades hepáticas, pancreáticas y biliares.

La investigación, liderada por el catedrático de Fisiología de la USAL José Juan García Marín, estudió más de 200 muestras de bilis humana procedentes de pacientes con distintas patologías hepatopancreatobiliares, utilizando técnicas de espectrometría de masas de alta resolución capaces de detectar cantidades mínimas de estas moléculas. Además, emplearon modelos animales y estudios celulares para seguir su recorrido paso a paso y confirmar que se absorben en el intestino, pasan a la sangre portal y son captadas por el hígado a través de los mismos transportadores que los ácidos biliares convencionales.

Los resultados revelan que aproximadamente la mitad de los pacientes analizados presentaban MABAs en la bilis, aunque en concentraciones muy bajas, y que estas moléculas no aparecen en personas sanas.

El hallazgo abre nuevas líneas de investigación orientadas al desarrollo de biomarcadores que permitan detectar alteraciones de la microbiota de forma más sencilla, e incluso avanzar hacia estrategias de medicina personalizada. El trabajo se enmarca en la actividad del grupo de Hepatología Experimental y Vectorización de Fármacos (HEVEPHARM) del IBSAL.