La escritora rumana Ana Blandiana, doctora honoris causa por la Universidad de Salamanca y Premio Princesa de Asturias de las Letras, ha visitado el programa Buenos Días Universidad. En una profunda conversación, la célebre poeta ha repasado su trayectoria bajo la censura, la importancia de la memoria histórica y los desafíos que afronta la juventud actual en la era digital.
La poetisa visitó en la tarde del Lunes, 15 de junio la Facultad de de Filología para impartir una conferencia sobre la Escuela de Salamanca en el marco de la celebración del V Centenario de la Escuela de Salamanca.
En los microfónos de la emisora Blandiana confesó que su idilio con la poesía comenzó antes incluso de saber leer o escribir: “Componía poemas antes de hablar. Articulaba palabras sin sentido y mis padres estaban muy inquietos”, recordó con una sonrisa. Desde entonces, su camino estuvo marcado de forma natural hacia la literatura, un destino que todos a su alrededor daban por sentado.
Sin embargo, ese viaje no estuvo exento de dificultades. Tras publicar su primer poema en 1959, donde planteaba una nueva forma de ver el mundo a través de los ojos de la juventud, el régimen comunista consideró sus ideas peligrosas y le prohibió estudiar en la universidad. “Si los jóvenes quieren cambiar las cosas, eso siempre es algo peligroso para los del poder”, reflexionó la autora.
Habiendo vivido bajo la censura y la persecución del régimen de Ceaușescu, Blandiana explicó la diferencia radical entre escribir en una sociedad libre y hacerlo bajo el comunismo:
“En aquel entonces, la poesía tenía una influencia y una importancia mucho más grande en la vida de la gente que en los países libres. Esto era así porque la poesía contenía las últimas células de libertad, y la gente la escuchaba precisamente a causa de esto”.
Su compromiso con la verdad la llevó a fundar, junto a Romulus Rusan, el Memorial de las Víctimas del Comunismo y de la Resistencia en Sighet, una institución pionera creada tras la revolución de 1989 para arrojar luz sobre la represión. Blandiana señaló que la sociedad comunista era “secreta” y que solo las víctimas conocían el alcance real de la violencia, por lo que el memorial nació como una forma de educación fundamental para el país.
Respecto al panorama internacional, la autora se mostró conmovida por la recepción de su obra en nuestro país y recordó el impacto de su discurso al recibir el Premio Princesa de Asturias: “Quería aprovechar ese momento para decir algo acerca de mi país, de mis ideas y del lugar de la poesía en el mundo de hoy”.
Para finalizar, la poeta dedicó unas palabras de admiración a la Universidad y a la ciudad de Salamanca, a la que define como un centro cultural e intelectual único. Evocando su visita al convento de San Esteban, Blandiana defendió que la concepción moderna de los derechos humanos no nació con la Revolución Francesa o Americana, sino en el siglo XV gracias a Francisco de Vitoria y la Escuela de Salamanca.
“Es una injusticia hacia Salamanca y hacia España en la mentalidad colectiva universal no saber que los derechos humanos nacieron aquí”, concluyó, argumentando que la historia ha preferido atribuir este hito a una revolución antes que a un monasterio.
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