La exalumna de la Universidad de Salamanca lidera una iniciativa de seguridad alimentaria en la localidad de Sucre que vincula la educación práctica con la producción propia de alimentos. En la mañana de ‘Buenos Días’, la cooperante ha destacado el profundo impacto humano de la experiencia y “lo bonito e inspirador que es poder ayudar directamente a los niños”.

El proyecto, coordinado a través de la Unidad de Cooperación al Desarrollo de la Universidad de Salamanca (USAL), ha fijado su objetivo en la Unidad Educativa Aniceto Arce, situada en Sucre (Bolivia). Allí, Irene Hernández ha diseñado e implementado un sistema que aborda la exclusión social desde la raíz: la seguridad alimentaria. La iniciativa ha logrado algo tan revolucionario como necesario: que la propia escuela produzca sus propios alimentos saludables involucrando a toda la comunidad escolar.

 

 

Irene ha explicado como una de las novedades más interesantes del proyecto, es la creación de huertos adaptados y talleres de educación práctica, el centro no solo tiene el objetivo de querer llenar los platos de comida nutritiva en el futuro, sino que dota a los alumnos y a sus familias de herramientas de cultivo y hábitos sostenibles que se llevan a sus hogares. Además, la joven nos ha recalcado la importancia de una buena nutrición en los niños y niñas para fomentar su activación cerebral en la escuela.

Más allá de los inconveneintes que se encontraron en el terrenod e la escuela, Irene Hernández ha hecho especial hincapié en el motor emocional que da sentido a este proyecto. Durante su intervención en el programa ‘Buenos Días’, la joven investigadora yse ha mostrado visiblemente conmovida al recordar el día a día sobre el terreno. “Lo más bonito de todo este proceso, sin duda, es ver la respuesta de los niños”, ha destacado, poniendo en valor cómo el cariño y el agradecimiento de la comunidad local superan cualquier reto logístico o climático.

 

 

La implicación de las madres, padres y profesores ha creado una red de apoyo comunitaria en Sucre que garantiza que el proyecto sea sostenible de forma autónoma en el futuro, demostrando que la educación y la alimentación van de la mano en el desarrollo infantil. Este éxito es también un reflejo del firme compromiso de la Universidad de Salamanca con la cooperación internacional y el apoyo al talento de sus jóvenes profesionales. Financiar y respaldar proyectos de este calibre permite que ideas nacidas en las aulas salmantinas se conviertan en realidades tangibles capaces de transformar vidas al otro lado del Atlántico.

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