Bajo el título “Barrios vivos, comunidades sostenibles”, el programa analiza el éxito del proyecto de Aprendizaje-Servicio (ApS) “Barrios de Aprendizaje”, una iniciativa de la Universidad de Salamanca que conecta el ámbito académico con la realidad vecinal para dar cumplimiento al ODS 11 de la Agenda 2030.
El programa radiofónico “Ondas Educativas 2.0” ha clausurado su temporada analizando el impacto del proyecto “Barrios de Aprendizaje” en Pizarrales. Esta iniciativa de la Universidad de Salamanca, desarrollada por el alumnado de Educación Social a cargo de la profesora Alicia Murciano y en colaboración con la Asociación Ohana, ha convertido el barrio en un laboratorio social para fomentar el envejecimiento activo y la sostenibilidad urbana desde la participación comunitaria.
Uno de los pilares del programa ha sido la desmitificación del concepto de “educación”. Las alumnas Claudia Masip y Nuria Castro desgranaron la propuesta de la UNESCO conocida como “Barrios de Aprendizaje”, una filosofía que invita a entender el entorno urbano como un espacio de formación permanente que no entiende de edades ni de currículos oficiales.
Tras definir el concepto, el programa profundizó en la urgencia social de aplicar este modelo. Andrea Rodríguez y Óscar López analizaron por qué el barrio de Pizarrales se convierte en el escenario ideal para combatir lo que la sociología denomina “fragmentación social”, que es el fenómeno de vivir en entornos masificados pero desconectados, habitando auténticas “islas de soledad”.
Los alumnos señalaron que el diseño actual de las ciudades a menudo margina a quienes no están en el mercado laboral, alimentando el edadismo. Ante esta crisis de comunidad, los Barrios de Aprendizaje surgen no como un programa escolar, sino como una estrategia de resiliencia.
Finalmente, Laura Santiago e Irene Fernández conectaron los retos de Pizarrales con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). El foco principal fue el ODS 11 (Ciudades sostenibles), entendido no como estética, sino como habitabilidad real frente a problemas de accesibilidad y vivienda.
La conexión se extendió a la justicia energética (ODS 7), la igualdad de género (ODS 5), destacando a las mujeres como pilares del cuidado comunitario, y la reducción de desigualdades (ODS 10). Para las estudiantes, el pragmatismo de la Agenda 2030 en los barrios se resume en una meta básica: que el derecho a vivir con dignidad no dependa del código postal ni del nivel de ingresos.
Pasando al proyecto como tal, las estudiantes Estela Romera y Leyre Leboreiro relataron cómo el alumnado del Grado en Educación Social abandonó las aulas de la universidad para sumergirse en la historia y el día a día de Pizarrales.
La inmersión comenzó con un recorrido histórico guiado por los propios vecinos, como Miguel, quien mostró a los jóvenes las emblemáticas “casas molineras”. Para entender la realidad social, los estudiantes realizaron entrevistas y dinámicas creativas en las calles. Mediante la técnica de la “nube de palabras”, contrastaron las visiones generacionales: mientras los más pequeños definen el barrio como un espacio de juego, para los mayores las palabras clave son “convivencia”, “respeto” y “familia”.

Y como indicaron los propios alumnos, ningún proyecto de intervención social tiene éxito sin un aliado sobre el terreno que conozca cada rincón del barrio. En este sentido, el programa contó con la participación de la Asociación Ohana Salamanca, una entidad cuya filosofía se alinea estrechamente con el concepto de “familia” y “comunidad” que su propio nombre sugiere.
En una entrevista conducida por las estudiantes Ainara Hernández y Andrea Sastre, se exploró el papel crucial que ha jugado esta asociación en el engranaje de “Barrios de Aprendizaje”. Para Ohana, la decisión de colaborar con la Universidad de Salamanca nació de una convicción clara: la necesidad de crear espacios donde las distintas generaciones no solo coexistan, sino que se reconozcan y aprendan unas de otras.
Ambas estudiantes pusieron en valor el compromiso de la asociación, agradeciendo su apertura para convertir sus sedes en aulas improvisadas. La entrevista dejó claro que, más allá de las actividades puntuales, lo que Ohana aporta es continuidad y arraigo.
El momento más emotivo del programa llegó con la participación de Miguel Borrego, vecino que han nacido y crecido en Pizarrales. Sus testimonios fueron el puente necesario para conectar la teoría académica con la realidad histórica y emocional del barrio. Entrevistado por Ángela Arenas y Sofía Ramajo, Miguel compartio una mirada nostálgica pero esperanzadora sobre la evolución de su entorno.
Uno de los puntos clave de la entrevista fue conocer cómo se habían sentido los vecinos al compartir actividades con los jóvenes universitarios. Miguel indico el impacto positivo de la experiencia, subrayando la importancia de sentirse escuchados y valorados por las generaciones más jóvenes.

Tras meses de intervención, el proyecto no solo ha dejado huella en las calles de Pizarrales, sino que ha transformado profundamente la perspectiva de los futuros educadores sociales. Francisco Javier Gea, en representación del alumnado, compartió una reflexión honesta sobre lo que supone romper el “muro” de la universidad y enfrentarse a la realidad a pie de calle.
Destaco que para los alumnos, la experiencia ha servido para desmontar la figura del estudiante como un “experto” que acude a enseñar. Según el estudiante, el contacto directo con los vecinos ha permitido humanizar la profesión, pasando de ser meros técnicos a ser agentes de escucha.
Como broche final a este recorrido, las estudiantes June y Nerea compartieron una reflexión que trasciende lo académico. Para el alumnado, el proyecto en Pizarrales no ha sido una simple práctica, sino una inmersión que ha transformado su manera de entender la Educación Social.
Nerea señaló que el verdadero reto que se plantea ahora es la sostenibilidad, el desafío de consolidar y dar seguimiento a estas iniciativas para que no se pierdan en el tiempo. El protagonismo, recalcan, debe seguir siendo de los vecinos y vecinas, quienes son los verdaderos artífices de la riqueza comunitaria.
El cierre de este ciclo de “Ondas Educativas 2.0” deja una conclusión clara: la sostenibilidad de una ciudad no se mide solo en sus infraestructuras, sino en la solidez de sus vínculos humanos. Lo que comenzó como una asignatura universitaria en la Facultad de Ciencias Sociales ha terminado por demostrar que el barrio de Pizarrales es un aula sin muros, donde el intercambio entre jóvenes y mayores es el motor que mantiene viva la memoria y la cohesión social.
Os dejamos el programa completo, aunque tambien puede verse en nuestro canal de Youtube.



